Pensé escribirte
en mi idioma,
pero creo que no debo esperar
que las palabras te llamen,
sino que, de alguna forma,
te alcancen,
puede que algún día
te encuentren.
Recuerdo aquella mirada
curiosa,
exploradora,
como un pétalo
al sol,
elemento vital
de la fotosíntesis
en las flores raras,
creciendo.
Hacías creer
a los despojados
que la felicidad existe,
que Sorolla se quedó corto.
Procurarte hoy
desgarra
a quien te contemplaba.
Ya no hay nubes
de azúcar,
ya no me cruzo
con tu inquietud
cuando escruto el horizonte.
Desconozco si te hallas,
si te percibes,
o si te valoras más
que a un reflejo cualquiera,
sin que importe
dónde
o de quién.
No te veo.
No puedes ser tú
la figura
que te ocupa la sombra,
que no parece quererse,
sin interés
en conocer,
saber,
vivir.
Tengo un cofre
con dudas
que me hiciste guardar.
Recuerda
que son tuyas,
como lo hago yo,
por si las quieres
rescatar.







