Utilizar un inocente
para suplir tus carencias,
es infame.
Despreciar y desperdiciar
la vida de quien
confía en ti, a ciegas,
es infame.
Ver cómo se le van los días
sin que se desarrolle,
es infame.
Saber que es tu obligación
fomentar su evolución
y negarte por envidia,
es infame.
Priorizar incluso los nauseabundos
que te hicieron,
ante tu mismo fruto,
es infame.
Quedarte una vida
que no te pertenece,
es infame.
Impedir que sea
amada por otro
con tu mismo derecho
y como es tu deber,
es infame.
Enorgullecerte del éxito
de tu criminal perfidia,
es inhumano, es infame.
Nunca serás más que la escoria que reste
de la oxidación de los días,
desechable,
infame,
¡infame!
Y te seguirá cantando,
balando,
inocente.
Mário Pinto, Madrid, 2026


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